Cada cierto tiempo tenemos modas que llegan a nuestras vidas. Todos recordaréis el caso de las televisiones en 3D. Se trataron de imponer como una nueva forma de ver el contenido pero, fueron un fracaso absoluto. Las modas en el área de la tecnología no siempre triunfan como los smartphones. Los wearables se encuentran a matacaballo entre el éxito y el fracaso.

Creando una necesidad

Al crear un producto, se debe pensar en la necesidad para el consumidor, que le puede aportar. Inicialmente los wearables abordaron el problema con un elemento interesante, la salud. Todos queremos cuidarnos y estar sanos, conocer nuestros hábitos de vida y nuestro sueño. La necesidad parecía ideal.

Sencillos a la par que inutiles

La funcionalidad, reñida con la practicidad arrastraba a la primera generación de los wearables al fondo del cajón. Las primeras versiones pecaban de una pobre autonomía y en su dependencia del smartphone. No basta con llevar algo, queremos recibir información de ese algo.

La salud es importante pero, la necesidad de cargar el dispositivo con cierta frecuencia y que no transmitiese nada dificultó su perseverancia en el mercado. Los fabricantes de wearables necesitaban algo más.

La llegada de los smartwatch y las notificaciones

Tras un primer asalto, donde los pioneros se atrevieron a lanzar productos a través de micro mecenazgo (crowfunding), tocaba la llegada de todas las grandes empresas esperando recaudar. Sony, Huawei, LG, Motorola y, por supuesto, Samsung presentaron su smartband o smartwatch.

Antes no queríamos un reloj porque para eso sacábamos el móvil. Ahora queremos un smartwatch para no sacar el móvil.

Ante tal aluvión de ofertas de dispositivos el consumidor se ve desbordado y tiende a elegir una propuesta de una firma reconocida que solo quiere entrar en un mercado. Poco a poco hemos visto como la mayoría de fabricantes han abandonado el mercado o tienen un ecosistema inconsistente.

Todo lo que puede ofrecerLos smartwatch llegaron primero con los dispositivos de Samsung y posteriormente de la mano de Android Wear. El caso es que se han invertido las tornas. Antes no queríamos un reloj porque para eso sacábamos el móvil. Ahora queremos un smartwatch para no sacar el móvil.

Las notificaciones en el smartwatch nos permiten acceder a la información con un simple gesto, pero de momento no dejan de ser una curiosidad más. Estas pueden ser agobiantes con elementos como WhatsApp e inútiles en la mayoría de los casos. El smartwatch debe hacerse valer y otorgar una autonomía decente.

Las smartband más completas

Sin embargo, las smartband vitaminadas cobraron gran relevancia. Supieron evolucionar incorporando pulsímetros y elementos para practicar deporte y contabilizarlo. Ahora podemos gestionar rutinas de gimnasio e indicarle que deporte estamos realizando. Además, algunas smartband incorporan notificaciones sencillas y control de nuestra música. Las smartband comparten elementos con los smartwatch.

La situación actual y el futuro de los wearables

La llegada de Apple al mercado ha supuesto un incremento en las ventas pero, también han aumentado las dudas. Los smartwatch no se muestran tan útiles como deberían fuera del área del fitness.

Sólo Fitbit está sabiendo mantenerse en un mercado que parece estancado e incluso acabado. El año pasado se centró en el área deportiva con la compra de FitStar y las últimas adquisiciones se han centrado en el área de los smartwatch con la compra de Vector y Pebble.

El resto de pioneros como Runtastic o Misfit han sido adquiridos por otras empresas relojeras o deportivas que quieren reforzar su presencia en este tipo de dispositivos ante la posibilidad de quedarse fuera.

Apple debe convencer a sus usuariosEl futuro se antoja interesante, Fitbit puede ser un dominador del mercado gracias a sus adquisiciones y al enfoque social que han creado con su app. Samsung y Apple tratan de atraer a los consumidores que permanecen en el escepticismo de los wearables como algo más que dispositivos para el deporte.