Tras la histórica multa impuesta a Google por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a causa de su abuso de posición dominante en el mercado de los smartphones, la compañía nortamericana ya ha movido ficha y el resultado ha sido el peor posible para los consumidores: cobrarán a los fabricantes un canon por cada teléfono por preinstalar las aplicaciones y servicios de Google.

¿Por qué es esto una mala noticia para los consumidores? Porque si esta reacción de Google era previsible, también es altamente previsible que los fabricantes no asuman de forma íntegra este coste, siendo muy probable que se lo trasladen a los consumidores (el eslabón más débil en la cadena).

Una polémica reacción a una sentencia histórica

Según los documentos internos de Google a los que ha podido acceder The Verge, esta tasa que cobrará Google a los fabricantes variará en función de la densidad de píxeles de la pantalla del dispositivo (un criterio que puede parecer extraño pero que suele ser útil para situar los terminales en una u otra gama).

El montante de estas tasas asciende, en el peor de los casos, a 40 dólares por teléfono (en terminales de más de 500ppi), mientras que el número común más bajo es 10 dólares por teléfono (cuando haya menos de 400ppi). No obstante, en algunos países concretos donde se venden muchos teléfonos de gama baja, esta tasa podría verse reducida a tan solo 2.50 dólares.

Resulta curioso que en estos documentos también se recoja la potestad que se reserva Google para llegar a acuerdos individuales con los fabricantes para no cobrarles la tasa si estos aceptan preinstalar Chrome y la barra de búsqueda de Google en el escritorio. Recordemos que la empresa norteamericana ha sido multada por abuso de posición dominante y esto no haría sino más que reincidir en ese abuso por la vía de los hechos.

¿Hasta qué punto no constituye esto una reacción fraudulenta a una sentencia cuyo principal fin es evitar este abuso? Estamos ante un nuevo capítulo del eterno pulso entre la Unión Europea y las grandes compañías que intentan imponerse a la competencia. La reacción de Google demuestran que se sienten fuerces y no están dispuestos a abandonar la vía que les ha llevado a lo más alto. ¿Cómo creéis que acabará esta guerra entre instituciones y grandes multinacionales?